La presión psicológica en momentos determinantes

En este artículo, Luis de Sigmaringa nos trae este interesante artículo sobre la presión psicológica en momentos determinantes del partido. Se trata de situaciones que ocurren a cualquier nivel deportivo, a cualqueir edad, y que nos afectan a todos.

 

Era mi intención inicial hablaros de la defensa (para mí es la base fundamental sobre la que se debe asentar la estructura de un equipo) y más concretamente de la defensa match-up, una defensa alternativa que requiere la máxima concentración y compenetración para hacerla inexpugnable a cualquier ataque. Pero me he decidido por algo más práctico y que a muchos de vosotros os habrá pasado u os pasará en algún momento clave del partido.

Para que tengáis como referencia una situación real que podríais vivir cualquiera de vosotros, Adrián Lafuente, nos narraba de manera sencilla y emotiva como vivió en primera persona una situación muy especial.

 

Nos dice: “Finaliza el tiempo muerto y me dirijo a la línea de tiros libres, me preparo para lanzar, pienso, suelo aire y lanzo ante la mirada de 400 personas y el balón va adentro para la alegría del público. Quedaban 15 segundos de partido y si metía empatábamos y teníamos posesión para rematar el partido o en caso contrario ir a la prorroga. Me dan el balón para realizar el segundo lanzamiento y una vez en mis manos pienso: Tienes que meterla por toda esta gente… Si la meto me adoran y empatamos con un ataque más… Si la fallo me capan… Una vez aquí no hay marcha atrás… Estoy aquí ahora porque todos confían en ti…”

Y sigue: “En uno de esos pensamientos miré a la grada y observé que todo el mundo estaba pendiente de mí y de si la metía o no y eso me puso mucho más nervioso y empecé a temblar, tenía que tirar y me dispuse a hacerlo, lancé la pelota a canasta y dio en el aro 4 veces y se salió ante mi lamento y el del público…”.

La verdad es que al leerlo no pude evitar caer en la tentación de cambiar el contenido de mi artículo y haceros una reflexión sobre lo que Adrián nos narraba y la presión que puede llegar a tener un jugador en momentos determinantes.

Otro claro ejemplo de lo que os quiero comentar sucedió en el último minuto del último partido de liga de futbol de la temporada 1993-94 entre el Deportivo de La Coruña y el Valencia. El defensa herculino Djukic protagonizó uno de los lances más dramáticos de la liga al fallar el penalti que les habría proclamado campeones de liga, lo que favoreció a un FC Barcelona que solo le quedaba esperar el fallo deportivista para conseguir su decimocuarto título liguero, cuarto consecutivo del equipo conocido como Dream Team.

En ambos casos los jugadores se enfrentaron a situaciones límite, salvando las distancias, pero cada uno en su contexto. La concentración de un jugador en estos momentos es fundamental y su estado anímico es determinante. Tal y como se cuenta, el jugador del Deportivo Djukic resopló profundamente, cogió carrerilla y lanzó. Este acto podemos interpretarlo como un exceso de relajación del jugador ante una situación limite como era la de ganar un campeonato de liga trasformando el penalti.

La respiración profunda en ese momento se pudo traducir en un estado de desconcentración que le llevo a errarlo. Extrapolado al caso que nos ocupa y en el polo opuesto, Adrián dice que en su primer tiro libre, piensa, suelta aire y lanza. El balón va dentro. Por lo que dice, solo piensa en el balón, el aro y nada le hace perder su concentración. Pero en su segundo tiro libre, todo cambia. Pierde la concentración que tenía con el aro, empieza a mirar a público, y su mente clara se convierte en un mar de dudas, se pone nervioso y pierde confianza.

El resultado, pese a que el balón toca cuatro veces en el aro, es que no entra. Seguramente en otra situación, el balón hubiese entrado limpiamente. Posiblemente Adrián hubiese necesitado esa respiración profunda, unos segundos de relajación y abstraerse de la influencia externa concentrándose en el aro para poder afrontar el lanzamiento con mas garantía. Pero tener la capacidad de poder controlar un corazón que late al triple de pulsaciones que en estado normal y una presión ambiental de la que no te puedes escapar, es algo muy difícil de controlar.

Si lo fue para un deportista profesional como era Djukic, imaginaros lo que significó para un chico que está iniciando su carrera deportiva, en su colegio y en un pabellón que se convirtió en un autentico hervidero. Seguro que lo recordará durante mucho tiempo y también le habrá servido de experiencia para que el día de mañana pueda afrontar situaciones similares con mayor tranquilidad. Una cosa puede tener clara: tuvo la entereza de asumir la responsabilidad que en ese momento se le encomendó y no todos pueden decir lo mismo.

 

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